Sin excusas

Hace un buen tiempo, no sabría decir cuánto pero estoy casi seguro que al menos un par de años, decidí no volver a excusarme por hacer/dejar de hacer cosas o por hacerlas mal. Nunca más un “disculpen que llegue tarde” o “no lo hice porque…” o “quise hacerlo pero…”. Me decidí a dejar de pedir disculpas por lo que hacía, lo que no hacía, y lo que hacía mal.

Ayer rompí mi firmeza, y dejé deslizar una excusa (que no por cierta deja de ser excusa).

La respuesta que recibí era la que podría haber esperado si hubiera meditado lo que estaba por hacer. No me tomé a mal la respuesta, porque es lo que cualquiera hubiera pensado: “estás inventando algo para excusarte”. Lógico ¿no? En un mundo donde todos mienten (“everybody lies” dice House), y con cosas que uno no puede comprobar ¿por qué creer? Hoy decidí volver atrás, ya que la vivencia no hizo más que confirmar aquella decisión de no volver a excusarme.

¿De qué sirven las excusas? No cambian los hechos. ¿Sirven para justificar? Para nada; es más, a la mayoría le importa un pomo la excusa que uno pueda usar (me incluyo), salvo que sea algo sensible o sensiblero (“falleció X”, “mi perro tiene gripe perruna”, “estoy triste”). Es que de hecho, hay una parte de uno que quiere saber si el otro está bien, si no pudo/se equivoco porque le pasó algo. Pero por regla general, a quienes piden excusas o las esperan no les importa por qué se hicieron o no se hicieron las cosas. Esos que las piden -los pensamientos que piden excusas- buscan generar indiscreción y poner a merced de la curiosidad a la otra persona. Obligarlo a exponerse, a agachar la cabeza y entregar su intimidad en símbolo de penitencia, humillarse ante quien escucha con los brazos cruzados, para que se sienta castigado. Me pregunto ¿qué le importa al otro por qué yo hago lo que hago? ¿Quién es para juzgarme? O para que suene menos soberbio el planteo: ¿Qué me importa por qué hacen lo que hacen los demás? ¿Quién soy yo para juzgarlos?…

Varias veces me ha pasado de discutir o charlar éste tema, y he escuchado todo tipo de barbaridades justificando el acto de excusarse, argumentos que se esgrimen, desde “tengo derecho a saber por qué lo hizo/no lo hizo” hasta “más vale que tenga una buena excusa, porque si no…”. Uno no sabe si reirse o llorar.

Sin embargo, habiendo pasado tantos años manejándome así, entiendo al que tiene ese pensamiento, y lo respeto. Aún así, hoy no comparto la actitud, porque estoy cansado de ceder a la cultura de la hipocresía en la que vivimos, donde no es raro que alguien pretenda decirte que tenés que hacer tal cosa -o sea, lo que esa persona no hace-, o que te indique cómo solucionar tus problemas, siendo que no puede ni con los suyos; esta cultura donde siempre se busca la culpa de todo afuera, y el sentimiento humanista de ayuda al prójimo parece una ilusoria utopía. Claro que para poder empezar a ver las cosas de forma diferente hay que preguntarse primero “¿soy un hipócrita?” O para que a la personalidad no le duela tanto: “¿tengo actitudes de hipócrita?” Y esto se puede aplicar a cientos de otros pensamientos destructivos. Es todo un trabajo de hormiga el poder identificarse siendo obsecuente de la mala educación que promueve la cultura actual.

En fin… no se olviden que en un mundo mayoritariamente gobernado por el culto a la hipocresía, ser inteligente es ser honesto pero sin ser estúpido. Decía Raumsol: “La Verdad es para los fuertes, puesto que es la fuerza misma. Los débiles optan por la mentira”. (Revista Aquarius N° 1, pág. 8, 1939)

Hay que saber cuándo y a quién decirle la verdad (es decir, a quien esté preparado para recibirla) para no cometer, como diría una amiga, un “sincericidio”.

Que tengan una buena semana
Nekrocow

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4 respuestas a Sin excusas

  1. andrea kloster dijo:

    un dia lei un cuento en el libro de jorge bucay (recuentos para demian) que se llama “la tienda de la verdad”..a veces nosotros no estamos preparados para la verdad y actuamos de manera q los demas nos mienten para no herirnos…pero no debemos enojarnos con los “mentirosos” ya q ellos mienten para no sentirse mas culpable de lo q ya estan, porq para mentir primero hay q juzgar esa accion.

    • Nekrocow dijo:

      Muy interesante el cuento, tuve la oportunidad de leerlo.

      Agregaría que la verdad es para los fuertes. Gracias a que hay tanta debilidad en el mundo es que también hay tanta mentira.

      Un gusto verte por acá.
      ¡Un abrazo!

  2. Muy de acuerdo con lo que comentás. Antes de crear excusas, hay que tratar de no tenerlas. Cierto que algunas cosas no las podemos controlar, pero a la frase “estoy triste” tengo que continuarla con “igualmente voy a hacer todo lo posible”.

    Y antes era muy puntual, pero después me relajé, porque nadie lo era. Es un tema particular, personal, y lo relaciono con lo que decís. Llegó un punto en el que me puse las pilas, porque era dejado, salía con lo justo, pero ahora siempre trato de salir antes. Pasan cosas que a veces me impiden llegar, pero al menos no llego tan tarde. Es una de las cosas que tenemos que hacer para ser mejores cada día.

    Y sobre las excusas… yo considero que hay que decirlas, pero solamente a ciertas personas. Como bien vos decís, a muchos no les interesa escucharlas más que para saber cosas que no deberían. Pero la persona que va a tener en cuenta una excusa cierta y valedera, sabiendo que vos no sos de mentir y que es un problema posta, esa persona, que generalmente es un amigo, sí debería saberla.

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