Las reacciones negativas (o cómo luchar contra la ebullición mental)

Hace un par de años atrás, tras hablar con X persona sobre un conflicto que no tenía relación directa con ella y discutir, ésta decidió borrarme del MSN y perdimos el contacto. Cabe aclarar que la conocía en persona y muchas veces nos matábamos de risa cuando pululábamos juntos. Hace como un mes atrás me agregó al Facebook y cuando vi la solicitud pensé “¿se habrá olvidado de la pelea?” Por mi parte, nunca vi el episodio como algo tan grave como para distanciarme -muy pocas veces me he distanciado de alguien por una diferencia-, aunque en ese momento tampoco me interesaba esforzarme para mantener la relación, y dejé que las cosas simplemente pasaran.

Me dio gusto reencontrarme, así que le acepté. Después de todo, en parte tuve responsabilidad de ese distanciamiento por lo que dije cuando hablamos; pensé que yo probablemente había salido con cosas similares en otras oportunidades -las recuerde o no-, y además ¿qué sentido tiene estar peleado por siempre?

Relato toda ésta historia ya que me pareció interesante analizar el pensamiento en reacción, y cómo esa zoncera (muchas veces sumada al rencor) separa a las personas. Pienso, por más que suene como algo efímeramente poético, que en un sentido muy elevado todos los hombres somos hermanos, sólo que hermanos perdidos, desencontrados. González Pecotche dice que la “hermandad debe comenzar en la mente de los hombres, porque en los corazones ya existe“, todos la sienten, pero no en la mente.

¿Qué quiere decir ésto? Que los sentimientos y la sensibilidad, al ser representantes de la parte elevada del ser humano, impulsan siempre a la conciliación, la afinidad y el encuentro; en cambio, los pensamientos muchas veces funcionan aislados, respondiendo a sus propios intereses, y cuando se es inconsciente los más negativos y fuertes (pensamientos separatistas) tienden muchas veces a sabotear todos los intentos de unión que procura el aspecto sensible de la persona.

Como no existe en el hombre un verdadero control, una efectiva capacidad de concepción instantánea de los hechos y de las cosas, éste es sorprendido a menudo por sus propias reacciones, y, así, mientras el corazón, siempre pródigo, es largo en otorgar sus créditos, la mente, menos generosa, reacciona para cortarlos; este hecho lo tenemos visto en toda amistad desde que nace, y, también, siempre que son invocados los sentimientos del ser. Inmediatamente, en estos casos, el corazón saca su libreta de cheques y contribuye a hacer menos gravosa la situación del que hubo de expresar su precario estado, material o espiritual; pero tan pronto vuelve a recogerse, la mente, reaccionando, extrae del bolsillo el cheque y lo destruye.
[C. B. González Pecotche (1946), Introducción al Conocimiento Logosófico]

Vemos que la clave reside en tener un control de lo que se mueve por la mente: los pensamientos. Para poder lograrlo es indispensable ser consciente del estado en el que funcionamos, tener en claro qué sentimos, qué sentimientos y qué pensamientos están actuando en cada momento. Y para poder lograr ésto, antes hay que entender qué implica la vida del pensamiento, poder identificarlo, ponerle nombre, clasificarlo y luego estudiarlo, poniéndolo en el banquillo de los acusados si nos está dañando o sentándolo en la falda a compartir unos mates, si es de los buenos. Ésto es parte de conocer el mundo interno, lo que se mueve en la psicología propia, es conocerse a sí mismo como bien enunciaba el gran filósofo griego.

Ahora bien, hay distintos tipos de reacciones del carácter. Las que vienen al caso son las negativas, es decir las que van en contra de todo lo que podemos llegar a aspirar o anhelar alcanzar como bueno y grande. Éstas suelen ser como la leche cuando hierve: Están como si nada, burbujeando, hasta que de repente se hace un enchastre. Y ésto es algo que no desea nadie. Especialmente al que después le toca limpiar…

Las reacciones negativas surgen, obviamente, de pensamientos negativos que portamos inconsciente, por ignorancia o negligencia. Si dejamos que se “sobrecarguen” de negatividad, va a llegar un momento en que van a poder más que uno, y vamos a terminar donde no queríamos estar. Por eso es importante controlar los pensamientos que uno permite dentro de su mente, sean propios o ajenos, y no alimentar a los que no queremos que actúen. Cuando la situación es a la inversa, cuando uno es el controlado, pueden pasar cosas realmente desastrosas, porque uno se vuelve un preso del azar y del antojo de esos agentes mentales. Al volverse un hábito la aparición de un determinado pensamiento negativo, caemos en la reacción, puesto que la misma situación se convierte en resorte y terminamos gritando, enojados, contestando, etc.

Hay dos recursos útiles para evitar esas reacciones. Uno es el de defensas mentales, que el autor de Logosofía desarrolla mucho mejor que yo, y el otro es el que estoy tratando de perfeccionar hace un tiempo: tras observar qué pensamientos son los que están atrás de mis reacciones, ir buscando reflexiones, razonamientos y comparando pensamientos para poder debilitar al reaccionario. Modificar lo que uno no quiere para su vida no será una tarea fácil, pero sin dudas que es gratificante.

Haciendo evolucionar mi pensamiento, mirando para atrás, me doy cuenta que avancé mucho de la persona que era antes. Situaciones negativas que ya no se me presentan, y otras positivas que surgieron, son síntomas de que algo he aprendido en todos estos años. Lo digo a modo de testimonio de que se puede cambiar eso que no nos gusta, por si hay alguien que se tomó muy a pecho ese pensamiento reaccionario de “la gente nunca cambia”…

Que tengan un día feliz
Nekrocow

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4 respuestas a Las reacciones negativas (o cómo luchar contra la ebullición mental)

  1. conejitolunatico dijo:

    Que loco, tratar este tema después de la charla que tuvimos ya hace varias noches. Pensé mucho después de eso, en realidad siempre pienso mucho, demasiado, pero esta vez pensé de forma productiva, sobre todo luego de la resolución de aquella pelea apocalíptica donde en apariencia una de las partes se desgarraba de sufrimiento por lo terrible de la discusión cuando la otra parte le dio la mínima importancia al asunto y luego de un rato actuó como si nada hubiera pasado. Entonces, aparte de todas las reflexiones hechas en el post, tambien caben agregar un par, a las que aspiro seriamente! (GANBARU!!!):

    * A veces nosotros, teñidos de pensamientos negativos, interpretamos las cosas de la peor forma, les cuento un cuentito que escuche en un curso de liderazgo hace bastante:
    Un señor llega a su casa del trabajo. La familia lo estaba esperando para almorzar. Había mucho viento y la puerta se cierra violentamente. La esposa piensa “éste ya vino con mala onda del laburo, me tiene podrida” y al saludar a su esposa, el señor ve que ésta tiene mala cara, piensa, “yo vengo del trabajo, entusiasmado por compartir con mi familia y que recibo? malas caras!”…
    Podemos imaginarnos el resto de la historia, todo por interpretaciones erróneas que nos van a llevar a discutir de cosas nada que ver con el problema inicial y al final, nadie se va a acordar cual fue el motivo de todo.

    * Otro cuentito para tratar otra reflexión: si uno se mira al espejo y ve que tiene la cara manchada, nos lavamos la cara, nadie va a intentar limpiar el espejo.
    Los demás son nuestro espejo, el fruto de las interacciones tienen muchísimo que ver con reacciones que nosotros provocamos en el otro. Casi nunca tenemos en cuenta el peso de nuestras palabras, de nuestras acciones. Nos descansamos en el otro dándolo por sentado, cuando no es así. Y nos enojamos con el otro cuando encontramos situaciones de conflicto indeseadas que generalmente tuvimos mucho que ver en llegar allí.

    *Tolerancia, me parece que es la clave. Una cosa es aguantar y otra es tolerar. Si el otro hace algo que nos molesta y aguantamos, lo estamos dejando pasar pero igual estamos guardando algo de rencor dentro nuestro. Y es ahí cuando explotamos en otro momento de todo lo que tenemos acumulado, como mencionaste antes. En cambio, tolerar es perdonar, es olvidar completamente. Ser intolerantes no nos lleva a nada. En la vida no somos quien para juzgar el comportamiento de los demás, tenemos que encargarnos de nuestras propias acciones, de hacer lo correcto y el resto es responsabilidad de otro. Si algo nos molesta, sugerirlo, opinar, cuando las cosas estén calmas, es lo más productivo ya que evitamos conflictos coléricos y al mismo tiempo estamos respetando la integridad del otro que tiene el libre albedrío de ser como quiera/pueda/le parezca que es mejor. La tolerancia deja mucho espacio para el dialogo.
    Gracias por sacar a colación estos debates tan lindos y enriquecedores!!! Sorry por pleaguearte el blog

    • Nekrocow dijo:

      De hecho, el borrador lo tenía de antes, simplemente la charla se dio como coincidencia 😛

      Aprender a tolerar es todo un desafío. Pero además hay que aprender a perdonar. Perdonar no es olvidarse de lo que pasó, ya que ésto podría decaer en ingenuidad, sino olvidarse del mal; recordar el hecho pero obviar el mal, separar el pensamiento de la persona, algo que requiere inteligencia y mucha grandeza de espíritu.

      La paciencia inteligente, la tolerancia, la humildad, el sano interés, el afecto, son todos elementos necesarios para la convivencia.

      Saludos.

  2. LaDul dijo:

    Cuantas tantas veces uno, sin pensar, deja fluir palabras lastimosas… si nos pusiéramos a observar que la única finalidad de esas palabras es herir a un ser querido muy en lo profundo tomaríamos conciencia del daño que le estamos provocando, no solo a la otra persona buscando herir con dos o tres palabras, si no a nosotros mismos pues estamos dejando crecer dentro de nosotros algo que no queremos ser, ¿o quizás fue agradable luego de herir a una persona querida?¿queremos que se repita siempre, porque sirvió un montón para lograr que el otro deje de hacer o comience a hacer lo que nosotros queremos? ¿ cuando nos hirieron con dos palabras, nos dimos cuenta que algo que hacíamos estaba mal, o solo nos sentimos dañados? Yo creo que no sirve de nada, o al menos eso es lo que experimenté yo, pero solo es posible observando y desnaturalizando cosas que tenemos como normales, que no nos construyen, nos destruyen.

    • Nekrocow dijo:

      Muy buena reflexión. Es muy saludable hacerse preguntas después de que se sucede una situación que nos perturba, para poder discernir qué fue lo que nos faltó para que la situación sea más feliz.

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