Una lección sobre el orden cósmico

Recuerdo, hace algunos cuántos años atrás, al estar viviendo una situación que no le desearía a nadie jamás, levanté mi puño y con toda la impotencia que tenía encima descargué mi furia contra la mesa del comedor, repetidas veces. Tan bestiales fueron los golpes que, unos 15 o 20 minutos más tarde, me di cuenta de la sensación que me había quedado. Esa situación me costó la salud de uno o dos tendones y no contribuyó para nada en cambiar el problema (de hecho, si dejó algún saldo fue negativo), pero me sirvió para entender que no importa cuán pretensioso sea, cuán saturado de pensamientos esté: El universo no va a funcionar como yo quiera. Simplemente ese no es el mecanismo cósmico.

Siempre creí que siendo bueno, las posibilidades de que a uno le pasen cosas malas eran menores. Entonces, todo lo bueno y el bien que hacía lo sostenía, en parte, pensando “lo que yo haga de bueno me va a volver”. Y todavía lo pienso, aunque no en la forma en la que yo lo veía. Entiendo que ésto no acontece por una supuesta

deidad religiosa que desde el cielo -o donde sea- nos contempla, vigilándonos, señalándonos, protegiéndonos y juzgándonos; mas no me voy a explayar sobre éste tema ya que me interesa hablar en particular sobre cómo funcionan las cosas y no por qué.

Volviendo al tema: El universo funciona siguiendo ciertos patrones inmutables, podríamos decir que tiene su “reglamento”. El “reglamento de la vida”. Ese mecanismo cósmico ha recibido muchos nombres desde las distintas corrientes de pensamiento, yo me quedo con el concepto de Leyes Universales, particularmente el que plantea la Logosofía por ser el que me parece más accesible, claro y -sobretodo- útil y aplicable.

Éste mecanismo universal se puede entender haciendo una analogía con las leyes humanas: Si yo transgredo tal o cual ley, se me puede llegar a dar una advertencia y dejarme ir; si la transgresión es significativa, grave o extrema, se me procesa y se me sanciona (que no es lo mismo que un castigo*). En ambos casos uno no puede defenderse alegando que no conoce la ley, ya que ésta se aplica igual (en lo humano no siempre se cumple, pero así está estipulado). Lo más interesante, que “rompe” con la analogía, es que la ley humana es imperfecta igual que su creador: Como no lo sabemos todo**, muchas veces las leyes resultan mal ideadas, redactadas, o hasta llegan a criminalizar lo que no tiene nada de malo y apañar cosas que no tienen ninguna utilidad. Ni hablemos de la aplicación de la ley por parte de jueces y abogados en las cortes…

* “Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas (…)” (Constitución Nacional Argentina, Art. 18)
“La ejecución de la pena privativa de libertad (…) tiene por finalidad lograr que el condenado adquiera la capacidad de comprender y respetar la ley procurando su adecuada reinserción social, promoviendo la comprensión y el apoyo de la sociedad. (‘Ejecución de la pena privativa de la libertad’, Ley 24.660, Art. 1)
** Cuando digo “no lo sabemos todo” no hablo de cuestiones técnicas, sino todo lo que hace al espíritu de una ley, que no tiene que ver con cuestiones legales.

Ahora, ese mecanismo cósmico al que es análoga la ley humana no sufre de las mismas imperfecciones: Es ciencia pura. Si yo no correspondo a lo que otros hacen por mí, poco a poco esa corriente de bien que recibo va a ir desapareciendo; si yo no respeto el tiempo, voy a perder mucha de mi vida por ir a contratiempo; si yo hago el bien a cualquiera y no veo qué es lo que hace con ese bien, voy a estar gastando fuerzas en muchas mentes mezquinas ingenuamente; si yo no busco corregir las causas de lo que me sucede, voy a tener siempre el mismo efecto. Y no hay peros que valgan: esa ley, esa ciencia, se aplica siempre, aunque pretendamos hacer de “abogado del diablo” y defendernos de lo que el universo dictamina… no pasa nada, por más rezos, quejas y pataleos que pongamos de por medio. La única “oración” que acepta el universo es el cambio de actitud, dejar de hacer las cosas mal para empezar a hacerlas bien. Todo lo demás es perder el tiempo.

Siento que ese es el cambio más radical que empecé a hacer -y que sigo intentando- respecto de cómo funcionan las cosas, hace un tiempo atrás. Dejar de pensar que las cosas pasan exclusivamente por fuerzas ajenas a mí y empezar a darme cuenta que si mi conducta no es acorde al orden cósmico, entonces las cosas siempre van a salir como no quiero que salgan. Lo que digo puede sonar super “esotérico y místico”, pero es mucho más sencillo y accesible de lo que cualquiera podría imaginar, no tiene nada de estrafalario ni mágico.

Reflexionando profundamente veo que lo realmente complicado, por cómo la cultura nos ha ido incrustando el pensamiento mágico en la mente, es comprender y encontrar el conocimiento que nos sirva para traducir esas situaciones que son inentendibles para el ojo miope, o que parecen “injustas” para el más dramático. A veces me descubro a mi mismo preguntándome “¿por qué a mí/él/ella?”, como si quejarme o lloriquear va a cambiar lo que está pasando. Lo descubro, eso es un avance, luego hay que trabajar para extirparse el pensamiento lastimero de la mente, porque traba la mente en la comodidad de la queja en lugar de motivar el cambio.

Para concluir: Tal vez nunca entendamos en ésta vida cómo funciona concretamente el universo, pero mientras tengamos en claro el norte que nos marca, todos los esfuerzos que hagamos estarán bien orientados.

Gracias por leerme
Nekrocow

Nota: Hoy no tengo ganas de hacer un TL; DR, así que el que esté apurado que lea en otro momento. Disculpen si el final del artículo es medio flojo, pero me tomó demasiado tiempo escribirlo y ya quiero publicarlo.
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6 respuestas a Una lección sobre el orden cósmico

  1. masdulcequelamiel dijo:

    Se me fue dicho:
    TUS PIERNAS FUNCIONAN EN EL ORDEN COSMICO
    Que quiere decir esto?

  2. conejitolunatico dijo:

    Bueno, como sabrás, hace bastante que vengo cultivando aspectos espirituales, que ya hemos hablado al respecto. Pero precisamente es esto en lo que se basa el camino espiritual, nada más que ahí se llama karma. Hay un camino, un camino acorde a la verdad sagrada del universo, ciertas cuestiones que respetar, valores que honrar con nuestros actos. Como mencioné en otro comentario, soy solipsista, y no es por elección propia, realmente es mi convicción, entonces que otra ley más inquebrantable para el solipsismo que “sos el propio responsable de las situaciones que experimentas”? Es todo muy profundo y realmente apoyo tu pensamiento y reflexión, pero es curioso como existen los mismos parámetros en corrientes tan diferentes como la logosofía y una rama del budismo… Será que é verdá! Cosa e mandinga! XD
    GRACIAS!

    • Nekrocow dijo:

      Aclaro que, más allá de que la Logosofía es la principal de mis inspiraciones en la vida, salvo cuando lo aclaro explícitamente, en general lo que pongo es más producto de mi comprensión y estudio que la “voz oficial” de la Ciencia.

      Pienso que todos los seres humanos supimos en algún momento recorrer el mismo camino, y que por creer en lugar de conocer, por la ignorancia, por cuestiones pseudoculturales, por pensamientos separatistas y tantos otros, nos fuimos dispersando en el mundo mental, cada uno para su lado, hasta el día de hoy, donde la mayoría nos encontramos más o menos inmersos entre el oleaje de las quimeras. Por eso es que muchas veces nos encontramos sintiendo cosas prácticamente iguales, pero con palabras, pensamientos e imágenes totalmente diferentes.

      Hay algo “dentro” de uno que se podrá negar de millones de formas, pero que por más que se lo ignore, puja incesantemente por ser escuchado.

  3. ale235 dijo:

    Muy bueno Manu! Es muy cierto eso que decis que hay que dejar pensar el por qué a él y no a mí… Todo va según lo que nosotros hagamos. Un abrazo y no nos dejes nunca sin la ración semanal de reflexión jaja.

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